¿DE DÓNDE VIENE LA ESPIRITUALIDAD DEL MOVIMIENTO JUVENIL DE LA JAX DEL PERÚ (JÓvenes Amigos de Xristo) ?

Cuando nos planteamos el origen de la espiritualidad de la JAX nos referimos a la motivación por la que se distingue la JAX de cualquier institución. Esa motivación se fundamenta en la teología. Y, entonces, ¿cuál es la teología que hay detrás, de la que vendrá la espiritualidad, la motivación, las ideas madres que orientarán la vida de la persona jaxista y del grupo?

Nos toca recurrir al marco doctrinal de la JAX que plantea una antropología, o sea, el tipo de joven que pretendemos; la teología, o sea, el motivo que subyace y que es lo que distingue a la JAX de cualquier otra institución, y por el cual queremos este tipo de joven y esta institución; y una pedagogía para sacar el método dinámico de trabajo con el que pretendemos el desarrollo humano y cristiano de la persona y del grupo, pero, también, con esa pedagogía lograr el modelo comunitario estilo agustiniano en el que la persona hace progresar al grupo y el grupo a la persona, de tal manera que si la persona no se entrega a la comunidad y no la hacer progresar, no vale, y si la comunidad no hace progresar a la persona en lo humano y en lo espiritual, ese grupo anda mal.

La espiritualidad es la síntesis teológica sobre Dios, Cristo, Espíritu Santo, Iglesia que da sentido a la vida del cristiano y que se convierte en los principios orientadores de la vida en lo cognoscitivo. A su vez, lo afectivo que en primer lugar valora, organiza la escala de valores a partir de los principios orientadores que ha elegido. Lo que importa, después, es que todo ello, lo afectivo y lo cognoscitivo, se convierta en motivación e impulse a la voluntad y que ella defina a la persona y al grupo a actuar coherentemente, con sentido cristiano, de palabra y de obra. Para nosotros los jaxistas, la síntesis, la espiritualidad es la caridad de ojos y corazón agustinianos (1). La mística es la actualización -dinámica, no estática- de la espiritualidad de la JAX en palabras clave significativas, ideas madre, que motivan, que mueven para los momentos importantes de la vida de cada persona o para cada etapa del grupo. Esa mística del movimiento de la JAX que se va actualizando y de la que se sacan esas ideas madre motoras para cada uno de los tiempos, la hemos sintetizado hasta ahora como:

“Grupos de amigos que quieren vivir radicalmente en caridad el Evangelio, para hacer real y eficaz el amor de Dios, en medio de los hombres, a través de la comunidad, aquí y ahora, en la historia concreta de nuestros pueblos”.

TEOLOGÍA DINÁMICA

Nos queda clarificar cómo se origina nuestra teología amorosa, existencial-personalista, liberadora, neumatológica y abierta a todas las adquisiciones de las nuevas corrientes con las que se enriquecerá y de las que vendrá nuestra espiritualidad agustiniana de la caridad y nuestra ascética del “Ordo amoris” para hoy. Se nos presentaban dos cuestiones: ¿Cómo hacer teología en una mentalidad occidental dinámica, existencial-personalista, abierta, por contraposición a la neoescolástica esencialista y estática? Y la otra pregunta era, ¿cómo hablar de Dios hoy, especialmente, para los jóvenes en latinoamérica? La JAX nace en 1970 y tiene detrás los documentos de Medellín del Episcopado Latinoamericano (CELAM) de 1968 con preocupación por una respuesta liberadora a los signos de los tiempos en justicia con solidaridad, y con opción por los pobres y por los jóvenes, lo mismo que los otros documentos de las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano y el Caribe. También está latente el Concilio Vaticano II con la apertura de la Iglesia al mundo moderno, en el que subyace una teología dinámica sustentada por la así llamada Nueva Teología europea que viene de finales del siglo XIX a partir de la influencia del Cardenal Newman inspirado en San Agustín, sigue en el siglo XX con Romano Guardini y los teólogos, principalmente centroeuropeos, que desembocan en el Vaticano II como Chenu, Congar, de Lubac, Rahner, Schillebeeck entre otros (2).
Nos interesaba la mentalidad dinámica, originada por el mundo en que vivimos, liberado de ese pensamiento estático medieval y neoescolástico, pues estábamos motivados por la dialéctica agustiniana del amor, con el método socrático de diálogo, dialógico, y poder sacar los recuerdos de la “Memoria Dei”, de la “Memoria sui” a través de valores fundamentales agustinianos para nosotros como la interioridad, confrontándola con la trascendencia como utopía del Reino de Dios, para construir la realidad en caridad y motivados por esa caridad. Queríamos liberarnos de una mentalidad esencialista, estática, dogmatizante, fundamentalista, exclusivista, que piensa que tiene la verdad absoluta, la posesión absoluta de la verdad, sus definiciones no se pueden cambiar en nada y que el que no piense igual está en el error, equivocado y fuera del lugar. Nos afiliábamos y teníamos como sustento a esa corriente de la Nueva Teología inspirada en san Agustín y desarrollada por una mentalidad centroeuropea dinámica, existencial-personalista, agustiniana del amor, que integra inteligencia y corazón, dialógica, y, además, estábamos abiertos a todas las corrientes, así como también a la teología liberadora latinoamericana con filosofía de la praxis, en la que la verdad no se queda en las nubes simplemente, sino que tiene que notarse en la realidad, en la práctica y asume repercusiones en la conducta de la persona y en la historia. Ante la situación de pobreza en Latinoamérica surgió, en la teología de esa zona y en los documentos del episcopado, la preocupación por la transformación de lo negativo en positivo de la persona y del mundo, con la gracia de Dios, del Dios de la vida, y con la respuesta del hombre que pone esfuerzo para quitar el pecado personal y social, construir el Reino, la Ciudad de Dios, la civilización del amor y la globalización de la solidaridad.

HABLAR DE DIOS HOY

Se nos planteaba, también, otro problema que era el cómo hablar de Dios en Latinoamérica y para nosotros cómo hablar de Dios a los jóvenes. Nos valían, en un proceso de pensamiento inductivo, las categorías de mito, utopía y realidad de la filosofía de la praxis para llegar a la Trinidad en Dios Padre Amoroso y Dios de la vida, Dios Hijo Amigo y Dios Espíritu Santo como Dios Amor tal como desarrollaremos más adelante. Partíamos de esa Nueva Teología europea como orientación en connivencia con la teología agustinana del corazón que recoge la filosofía moderna europea como medio para hablar de Dios en esa época, ya sea el existencial-personalismo o la fenomenología que, más tarde, influirá en el pensamiento postmoderno.
Después del Vaticano II se encontrará con la desacralización y el secularismo, el neoliberalismo, el comunitarismo, las sociologías y filosofías de la praxis y más tarde con la corriente de la postmodernidad y el postsecularismo. En teología aparece la teología política, las teologías narrativas, las de matices postmodernos, las contextualizadas. Y este problema de cómo hablar de Dios se planteaba en Latinoamerica, con características especiales a partir de la pobreza, sobre todo a la Teología de la Liberación y a las teologías contextualizadas.
También, una corriente importante del Episcopado Latinoamericano que se plasma en los documentos de las cinco Conferencias Generales del CELAM, pide que la verdad del cristianismo se note en la realidad para que sea válida y se proponga arreglar los problemas de la sociedad especialmente del pobre y de todo tipo de marginación ya sea de género, racismo, clasismo, emigración, religión, cultura o de cualquier exclusivismo (3). Mientras tanto se va pasando, después, de la modernidad a la postmodernidad en la que se caen todas las utopías mesiánicas de promesas de hacer el cielo en la cierra, porque no arreglaron el mundo y se ve que la razón tenía pies de barro y era la que sostenía esas filosofías de la modernidad con sus sistemas que nos prometían arreglar todos los problemas del mundo y no lo hicieron. Como reacción aparece en Europa, la filosofía del pensamiento débil que pone a la razón en su sitio y le da fuerza también al corazón, a la subjetividad, al individuo, no se consideran dueños absolutos de la verdad, hay humildad en la posesión de la verdad, aunque hay peligro del relativismo. Esta mentalidad vuelve a cuestionar de nuevo a la teología hoy. Vattimo dice que, ese pensamiento débil, es la mejor filosofía católica, pues él se vale de Nietzsche para deconstruir y tratar de dejar limpia la verdad, y de Heidegger para purificar la metafísica, el ser, la verdad y el bien con una mentalidad relativista relativa sin caer en el relativismo absoluto. El mismo Vattimo y otros postmodernos, por ejemplo, Derrida, hablan de la vuelta a la religión, aunque qué tipo de religión –menos institucional, más débil, a la carta- y se viene la postsecularidad y hasta se habla de espiritualidad del ateo (4).

En pedagogía surge la corriente de la no-directividad de Rogers y de la construcción dialéctica del conocimiento de Piaget que desembocan en el paradigma del constructivismo predominante en la actualidad. La Teología de la Liberación, nos daba pistas importantes para hablar de Dios, pues utiliza ciertas adquisiciones de la sociología y filosofía de la praxis para hacer teología. Su método inductivo basado en el ver, juzgar y actuar con cuatro pasos, nos valdría, inclusive, para la revisión de vida del grupo, siguiendo el uso de movimientos juveniles del Viejo Continente. Tiene dos momentos: afirman que a Dios se le contempla y se le practica, y solo, después, se le piensa. Un primer paso dentro del ver que se refiere a la práctica del cristiano observando los signos de los tiempos, es presentar y delimitar el problema. Viene el segundo paso todavía dentro del ver que analiza el problema a la luz de las ciencias para salir de un conocimiento ingenuo y saber las causas, consecuencias y soluciones. El tercer paso se refiere a la “reflexión crítica”. Está dentro del juzgar y supone que la realidad, la práctica cristiana, los signos de los tiempos, el resultado que nos dan las ciencias se juzga a la luz de la fe –Biblia y Doctrina de la Iglesia- para sacar criterios que orienten en la búsqueda de soluciones correctas. El cuarto paso es el “actuar”. Cierra el círculo hermenéutico y bajo los criterios que provienen del juzgar, se buscan soluciones con los hombres de buena voluntad para actuar correctamente. Este método inductivo, fundamentado en la dialéctica del amor y no del odio, lo veíamos reflejado ya desde antiguo, por ejemplo, en la Ciudad de Dios de S. Agustín -como dice Gustavo Gutiérrez-, y , en la actualidad, de forma especial, en la “Gaudium et Spes” del Concilio y, también, en los documentos del Episcopado Latinoamericano.
Con esa mentalidad dinámica y abierta estábamos atentos, siempre desde los ojos agustinianos del corazón, a todos los aportes de las nuevas teologías para sustentar nuestra espiritualidad, inclusive, a los de la ecoteología, teología india, teologías contextualizadas y de la teología neumatológica que viene del Espíritu Santo, del Dios Amor y que a nosotros nos recuerda al pensamiento agustiniano que nos vale en la búsqueda de liberación del ser humano con amor, con afectividad, y “llegar a la constitución de los nuevos cielos y la nueva tierra, en liberar a la tierra de la esclavitud, en transfigurarlo todo en Cristo” con una Iglesia “ pobre y de los pobres, solidaria, sinodal, descentralizada, que cure heridas, salga a las fronteras, huela a oveja, cuide de la creación, no tenga miedo de la ternura; que viva el gozo y la alegría del evangelio, que respete todo lo positivo que hay en las culturas y religiones, que respete las conciencias, que no tenga miedo a la novedad del Espíritu…; nos abre a una continua novedad, al dinamismo y al fuego interior, a la transfiguración de personas, grupos, sociedades y cosmos..., preparando siempre la venida del Señor, de un Señor que viene continuamente, viene cada día, hasta que llegue la escatología final” (5). Siguiendo el método inductivo llegábamos, a través de etapas, a nuestra espiritualidad como veremos.

NOTAS:
(1) Javier ARMENTA, Sobre el amor perfecto en san Agustín, en rev. Vida Sobrenatural, año 95, n. 698(Marzo-Abril 2015)128-130.
(2) Pilar RÍO, Los fieles laicos, Iglesia en la entraña del mundo, Ediciones Palabra, Madrid 2015, pp. 199-401.
(3) RODRÍGUEZ MARADIAGA, Oscar .A., Sin ética no hay desarrollo, Narcea S.A. de Ediciones, Madrid 2014; J. MOLTMANN – L. BOFF, ¿Hay esperanza para la creación amenazada? Sal Terrae, Santander 2015, pp. 15-16.
(4) Gianni VATTIMO, De la realidad. Fines de la filosofía, Herder, Barcelona 2013, pp. 25-67, 232-238; José Miguel NÚÑEZ, A vueltas con Dios en tiempos complejos. Conversaciones con G. Vattimo, Ediciones Khaf, Madrid 2013, p.21.
(5) Victor CODINA, SJ, El espíritu del Señor actúa desde abajo, Sal Terrae, Santander 2015, p. 189-190.

I.- ANTROPOLOGÍA, TEOLOGÍA, PEDAGOGÍA.

Fueron diversas etapas las que supuso el proceso de llegar a nuestra espiritualidad. La primera etapa, teniendo en cuanta el marco teórico de la JAX, supondrá antropología dinámica, agustiniana, existencial, personalista, liberadora, neumatológica y postmoderna. Además, una teología que recoge las aportaciones de la Nueva Teología europea (Pilar RÍO, LOS FIELES LAICOS, Iglesia en la entraña del mundo, Ediciones Palabra, Madrid 2015, pp. 199-428) , las teologías narrativas, los atisbos de las teologías postmodernas, la Teología de la Liberación y las teologías contextualizadas orientadas por los documentos del Episcopado Latinoamericano (CELAM), con matices de ecoteología y teología india, con cierta preocupación por hablar de Dios hoy con mediación postmoderna y sensibilizados por los aportes de la teología neumatológica que atrae, subyace y conecta en la actualidad, no solamente con los carismáticos y los pentecostales, sino con toda la espiritualidad del pueblo latinoamericano que es emotiva, afectiva, pero, además, para nosotros toda esa motivación teológica la poníamos envuelta en la teología agustiniana del amor con razón y corazón.
La pedagogía sería socrático-agustiniana, no-directiva, inductiva, liberadora, en línea del paradigma actual constructivista, abierta a todas las pistas que nos ayuden y con una metodología inductiva que desemboca en el método de la “Dialéctica del amor”. Supone el método ver, juzgar y actuar que utilizaban grupos juveniles europeos y latinoamericanos, pero adaptado a la dialéctica agustiniana del amor para orientar el proceso del desarrollo humano y cristiano de la persona y de esa persona integrada en el grupo, en la comunidad. Ese grupo marcado con modelo agustiniano de comunidad al estilo de los primeros cristianos pero hoy, sin olvidarse de que todo grupo que no tiene mística, muere; que no tiene método de reunión, muere; o que no tiene compromisos según sus posibilidades, muere. El método de la “Dialéctica del amor” al que le damos la máxima importancia en la JAX, porque los grupos que lo han llevado en serio, debidamente asesorados, son los que permanecen después de cuarentaicinco años, es el cuestionamiento según las necesidades del grupo, ya sea de la problemática personal, comunitaria o social; o el cuestionamiento de la mística -sobre Dios, Cristo, Espíritu Santo, Iglesia, espiritualidad agustiniana o ascética -; o el cuestionamiento de los compromisos personales, comunitarios o sociales, pero juzgados a la luz de la Fe, para buscar la forma de actuar correctamente (1) Todo este marco doctrinal desemboca en la espiritualidad agustiniana de la caridad y en la ascética del “Ordo amoris” a través de un proceso inductivo que iremos recorriendo rápidamente en las etapas que vienen.
Con estos antecedentes nos interesa siempre seguir manteniendo en la JAX una mentalidad abierta, dinámica, expectante para saber responder a los signos de los tiempos y no cerrarnos en nuestro trono.

II.- MITO, UTOPÍA, REALIDAD

Utilizamos adquisiciones universales de la filosofía de la práxis concretizada en el mito, la utopía y la realidad. Esas categorías las poníamos en correlación con el ver, juzgar y actuar y, a nivel ya cristiano, con la interioridad, trascendencia y caridad como síntesis de los valores agustinianos, que tienen correlación también con las virtudes teologales de fe, esperanza y caridad, hasta llegar a la Trinidad del Dios Padre Amoroso y Dios de la vida (2) en relación amorosa total con Cristo como Dios-Hijo y máximo manifestador del amor de Dios que se revela en Él y para nosotros aparece como Cristo-Amigo. Esa relación amorosa de Padre a Hijo y viceversa da el Dios-Amor dinamizador de la obra del Hijo en el mundo y es el Espíritu Santo, según nos da a entender san Agustín.
Pretendíamos, mediante un método inductivo, pasar de la realidad vivida en todas sus dimensiones a la espiritualidad sacada de la confrontación dialéctica entre el mito como acumulación de riqueza experiencial, de memoria, tradición, riqueza doctrinal conceptual, aconceptual y experiencial acumulada que teníamos, con la utopía como tensión escatología (3). De tal manera que desde el presente, con iluminación adecuada del pasado en tensión escatológica, provocadora e iluminadora también del futuro, se intenta hacer el futuro presente en cada momento. La espiritualidad y la mística tienen su valor en el presente. Esta dialéctica dinamizadora nos valía para avanzar en la concepción teológica y llegar a la espiritualidad para concretar la mística. Desde el presente, con la iluminación adecuada del pasado y en tensión e iluminación escatológica, se intenta hacer el futuro presente para avanzar y superar lo negativo y poner lo positivo que se necesita. Es la actualización dinámica del mito en tensión dialéctica escatológica con la utopía para resolver los problemas del presente. No se queda estática. Es dinámica. Desde el presente, con la iluminación adecuada del pasado citada, provocada por el futuro, se intenta hacer el futuro presente en cada momento. Es la actualización dinámica del mito según la necesidad actual. Se busca la iluminación del pasado pero en confrontación con los signos de los tiempos del presente que van cargados de utopía escatológica, no para adaptarme al pasado sino que, según las exigencias de los signos de los tiempos presentes, arranco lo que me importa, lo que necesito, lo que vale hoy, lo que nos enriquece del pasado y del futuro para hacer el futuro presente hoy y responder a las necesidades manifestadas en los gritos, en la provocación de los signos de los tiempos actuales.

III.- VER, JUZGAR, ACTUAR.

Para responder a esos signos de los tiempos y en correlación a la dinámica y a la dialéctica de esos tres pilares –mito, utopía y realidad- nos valía el método inductivo del ver, juzgar y actuar utilizado, por ejemplo, en el documento del Vaticano II de “La Iglesia en el mundo moderno” y tomado también en documentos del episcopado Latinoamericano y, sobre todo, en la Teología de la Liberación y en las Teologías Contextualizadas. Gustavo Gutiérrez, en su libro sobre “Teología de la Liberación” hace una alusión como ya hemos mencionado que a nosotros nos valía: en la “Ciudad de Dios” san Agustín lleva este método. En los pasos del método, el ver supone descubrir el problema y analizarlo a la luz de las ciencias utilizando niveles del conocimiento y salir de un conocimiento ingenuo a través del análisis –el análisis corresponde a lo cognoscitivo- de las causas, consecuencias y soluciones del problema. Los resultados se juzgan y aquí entra el nivel afectivo que valora subjetiva y objetivamente a la luz de la fe el resultado de lo analizado, para llegar al tercer paso que supone sacar criterios de lo juzgado con los que nos orientamos para buscar soluciones y actuar correctamente en la preocupación por responder a los signos de los tiempos con sentido cristiano.
De este método y de la dialógica agustiniana sacamos la “Dialéctica del amor” que relacionada con los tres valores clave agustinianos –interioridad, trascendencia y caridad- nos daba un método dinámico para el trabajo de grupo, una dialéctica provocadora de la persona y del grupo que se concretizaba en el cuestionamiento, en la problematización de todo, buscando causas consecuencias y soluciones, de la problemática personal, comunitaria, social; o de la mística sobre Dios, Cristo, Iglesia, espiritualidad agustiniana y ascética del “Ordo amoris”; o sobre los compromisos personales, comunitarios y sociales. Se cuestiona todo, se hace todo problema según las necesidades del grupo, ya sea la problemática o la mística o los compromisos a la luz de la fe para actuar correctamente.
Es un método de revisión de vida del grupo en la JAX que tiene una dinámica interna provocada por esa dialéctica de confrontación del problema con la luz de la fe para actuar correctamente que intranquiliza a la persona y al grupo, si se crea el clima de confianza, de respeto. Al trabajar un problema se da que, inconscientemente y por asociación, se plantea en la conciencia de cada uno de los presentes y en el grupo la “memoria sui”, o sea, el darse cuenta de que si discutimos y dialogamos sobre un problema que ha planteado un amigo en el grupo, por asociación, me doy cuenta de que yo tengo muchos más y no me puedo quedar tranquilo, sino que debo preocuparme por ver cómo resuelvo los otros problemas que tengo. Lo mismo pasa con el grupo, también toma conciencia de los problemas que tiene el grupo en su proceso sicológico y sociológico y lo interesante es que, cuestionándolos a la luz de la fe, sirva de motivación también, de provocación, y despierte la inquietud en el grupo por resolver esos problemas y actuar correctamente para seguir madurando en lo humano y en lo cristiano. Cuando se trabaja en serio y se intenta llevar bien el método de la “Dialéctica del amor”, a esta dinámica del grupo se une la gracia que actúa en la conciencia de cada uno y en el grupo, porque “cuando hay dos o más reunidos en mi nombre allí estoy yo” (Mt 18,20) nos dice Cristo-Amigo y actúan juntas la dinámica y la gracia de Dios.

IV.- INTERIORIDAD, TRASCENDENCIA, CARIDAD.

Siguiendo el método inductivo nos llevaba en este proceso a buscar en la cuarta etapa la motivación, a dar el sentido más fuerte, el sentido último que llenara de verdad y plenitud, a dar sentido espiritual a esta realidad personal y comunitaria, a buscar la espiritualidad, la teología que alimentara la motivación –en lo cristiano la teología fundamenta la espiritualidad que da la motivación de la vida del ser cristiano- más profunda de la vida, el sentido total abierto a la trascendencia y encontrábamos el camino en valores agustinianos claves. Nos concretábamos en la interioridad, la trascendencia y la caridad correlacionándolos con los pilares trípodes que hemos mencionado anteriormente. La interioridad es método y contenido. Método de interioridad y no de simple intimidad, para ser consciente de mí mismo y de lo que hay a mi alrededor en todas las dimensiones, no ingenuamente sino conociendo cada vez mejor las causas, consecuencias y soluciones para llegar, orientados por el Maestro Interior agustiniano –Cristo-, a abrirnos con la “memoria sui” a toda la riqueza que hay en mí mismo, en lo que hay a mi alrededor como son los seres humanos y el mundo, y con la “memoria Dei” llegar a la trascendencia y a Dios que rige desde dentro todo, respira por medio de toda la creación y nos quiere hacer socios suyos en la recreación de la vida.
Esa interioridad no es simple introspección psicológica, ni pura intimidad sino que es el método que me lleva a descubrir la memoria mítica, los contenidos acumulados en mi historia dentro de la Historia de la Salvación a través de la “Memoria sui” -teniendo en cuenta lo que hay a mi alrededor en la realidad- y de la “Memoria Dei” orientados por el “Maestro Interior” agustiniano (4). Esa riqueza acumulada en la historia personal y comunitaria dentro de la Historia de la Salvación era provocada, dinamizada por la dialéctica de la trascendencia cargada de utopía y escatología que, hoy, a través de los signos de los tiempos, estimula e impulsa a hacer realidad el Reino escatológico de Dios en el presente, en la historia real que vivimos. La trascendencia, la búsqueda de ese Dios que impregna todo, que rige desde dentro todo, conecta con la categoría de la utopía. El futuro es Dios para el cristiano donde se encuentra la felicidad plena, es Cristo-Amigo como fin de la historia y con su proyecto de salvación liberadora sobre el hombre y sobre el mundo, es el Reino de Dios de justicia, de amor y de paz que da pábulo a nuestra esperanza y nos impulsa a alcanzarla con nuestros hermanos, pero desde ahora. Ese futuro encarnado en la esperanza ejerce una atracción dialéctica que provoca la tensión con el pasado, pero conectando con las interpelaciones del presente a través de cada uno de nosotros y de los signos de los tiempos para impulsarnos a quitar todo tipo de pecado personal y social y hacer real el amor de Dios en nuestra historia hoy. El futuro ilumina y provoca, el pasado ilumina y el presente interpela para que a través de este triángulo, se inicie una especie de espiral hermenéutica que haga avanzar la historia con el impulso del amor. El futuro escatológico ilumina y provoca al pasado para dinamizarlo y que se convierta en iluminador del presente con el futuro para impulsar con el motor del amor, de la caridad, la superación de las dificultades del presente y responder a los signos de los tiempos con la finalidad de hacer real el amor de Dios hoy. San Agustín, con su pensamiento nos enseña a dar respuesta a esa necesidad del hombre de librarse de todo tipo de esclavitudes y encontrar el supremo bien junto a Dios. Nos vale Agustín pues vemos que convierte su pensamiento, más que en un sistema, en un método de comprender y explicar todo en función de Dios y, al mismo tiempo, en un medio para alcanzar la verdad, el bien soberano y hacer real el amor de Dios en el mundo, teniendo en cuenta que no se trata de alcanzarlo solo individualmente sino con mi prójimo. El futuro para nosotros es Dios, es Cristo-Amigo con su Proyecto provocador, es el Reino de Dios que motiva y el Espíritu Santo que provoca nuestra esperanza y nos impulsa a alcanzarla con nuestros hermanos para realizar el amor de Dios desde ahora.
La caridad es el elemento activo, motivador, impulsor dentro de ese trípode de espiral hermenéutica que empuja a actuar, a realizar el amor de Dios. Esa trascendencia, ese futuro escatológico, esa carga de la esperanza, el Dios amoroso y de la vida, el Cristo-Amigo con su Proyecto, el Reino de Dios, el Espíritu Santo –Dios Amor- se convierten en polo atractivo que provoca la motivación, la caridad, el impulso amoroso y dinámico que, iluminado por el pasado, trata de arrancar del futuro las respuestas a las interpelaciones del presente. Dios, la Vida, la Verdad, el Bien Supremo es amor que ha actuado amorosa y gratuitamente en la historia y se encuentra en lo más íntimo de la historia. El primer impulso que provoca en nosotros es llenarnos del amor de Dios y responderle haciendo real y visible el amor de Dios hoy. Ese Dios actúa a través del Espíritu Santo como gracia ilumitativa y motora, internamente, en cada uno de nosotros y, externamente, como amor interpelador y motor en la historia a través de los signos de los tiempos. Eso supone la práctica de la caridad entendida como amor real y visible en todas las dimensiones individuales, comunitarias y sociales. Lo cual supone vivir la amistad, la fraternidad, la justicia con caridad que da la solidaridad y, al mismo tiempo, comprometerse solidariamente con el pueblo, buscar proyectos adecuados para el bien común y quitar la pobreza y marginación en todos los niveles, de tal manera que, la esperanza del Reino, logremos hacerla ya presente arrancando del futuro el presente. Para nosotros, supone llenarnos del amor de Dios, de la caridad, y actuar con ojos agustinianos impregnados con ese impulso del amor descubierto.
Si sintetizamos con frases agustinianas y los colocamos como valores claves de los que se originan otros valores humanos, morales y espirituales importantes sería: Interioridad: “No vayas fuera, vuelve sobre ti mismo; en el interior del hombre habita la verdad…”(De ver. Relig 39,72). Trascendencia: “Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti” (Conf. I,1,1). Caridad: “Mi amor es mi peso”(Conf. 13,9). “¿Amas las cosas de la tierra? Eres tierra. ¿Amas a Dios? Divino eres”(In epist. Joan. 2,2,14). “Ama y haz lo que quieras… Que en la raíz de todas tus obras esté el amor(de caridad)”(In epist. Joan. 2,7,8). “Dos amores hicieron dos ciudades:...”(De civ.Dei 14,28)

V.- FE, ESPERANZA, CARIDAD.

Siguiendo el trabajo de interiorización, orientados por el Maestro Interior –Cristo- en dialéctica amorosa con la trascendencia y activados por la caridad, encontramos las virtudes teologales de Fe, Esperanza y Caridad (5). Dentro de la interioridad, buscando con la inquietud agustiniana, descubrimos en la apertura a la trascendencia a Aquel que da sentido total a la vida, es decir, a Dios que es la vida, la verdad, la bondad, la felicidad total que plenifica al ser humano, pero que no se queda con los brazos cruzados sino que se revela como Dios Padre Amoroso que se manifiesta gratuita y amorosamente, de forma especial, a través de la persona de Cristo-Amigo -para los de la JAX- con el signo máximo de amor, entregando la vida por nosotros y resucitando para darnos nueva vida de hijos de Dios y hacernos herederos y coherederos con Él. Esa persona, ese Cristo-Amigo, se convierte en modelo y en líder a seguir que plenifica nuestro ser en lo más profundo, nos da una doctrina y nos invita a colaborar en su proyecto de hacer por amor y con amor al Padre y a los demás por Dios Padre Amoroso, el Reino de Dios en este mundo, entre los hombres, con caridad y solidaridad, provocados y dinamizados por el Espíritu de Dios para la Gloria de Dios y por la esperanza futura, arrancando del futuro escatológico, de la herencia eterna, de la felicidad eterna, de la trascendencia total las características de justicia con amor que da solidaridad, paz, felicidad para vivirlas ya y hacer real, visible y palpable el amor de Dios, ahora, en esta tierra, en nuestra historia. Y así, ese Dios con amor que está impregnando todo lo interno y externo del hombre y de todos los bienes de la tierra, la ecología en todas las dimensiones, pueda notársele como el Señor del Reino hoy, en la civilización del amor, en la Ciudad de Dios agustiniana.
A ese Dios Padre Amoroso que se ha revelado gratuita y amorosamente con las características que hemos dicho y que se ha puesto definitivamente delante del hombre a través de Cristo-Amigo con su Iglesia como comunidad de fieles, como comunidad de amigos para la JAX, y hoy, además, se sigue revelando a través de los signos de los tiempos, se le puede dar la espalda o libre y fiducialmente corresponderle también gratuita y amorosamente, con opción radical y total de fe, motivados por ese amor de caridad que viene de Dios, que nos ha dado a todos (1Jn 4 y 5) y que supone llenarnos del amor de Dios para dar amor a los demás.

VI.- LA TRINIDAD.

Así, tenemos la dialéctica de este trípode de fe, esperanza y caridad, que supone el descubrimiento de la fe con todo el contenido de misterio sobre Dios Padre Amoroso, Dios de la vida, Cristo-Amigo como máximo signo de amor de Dios, el Espíritu Santo como Dios Amor iluminador y dinamizador, la Iglesia como la comunidad de seguidores, comunidad de amigos para la JAX, el mundo como obra de Dios. Aquí actúa la esperanza de arrancar del futuro escatológico, aspectos fundamentales del Reino futuro para hacerlo presente hoy, con la gracia de Cristo y motivados y movidos por la caridad, por Dios Amor –Espíritu Santo-. Esa dialéctica se consuma en el intento de mejorar este mundo quitando la pobreza, la marginación y todo tipo de pecado personal y social haciendo con ello visible el amor de Dios -Dios de la vida- según habíamos sido inspirados por San Agustín, la teología de la praxis latinoamericana y los documentos del episcopado de aquella región.
La fe, azuzada por la esperanza, mueve a hacer real en este mundo la caridad, el amor de Dios. Pero a nosotros se nos plantea quién y qué es el amor de Dios, la caridad, con las dos dimensiones de amor a Dios y a los demás por Dios. Esa, inquietud, esa búsqueda agustiniana, esa dinámica de la interioridad nos lleva a seguir descubriendo lo más profundo, los cimientos últimos de nuestro sentido espiritual del ser humano que sería el misterio del amor trinitario. Como diría san Agustín comparando la Trinidad con los elementos internos del ser humano: Dios Padre como memoria; Dios hijo como inteligencia; Dios espíritu Santo como voluntad. Si Dios se mirara a un espejo aparecería una imagen exactamente igual a la suya que sería el Dios Hijo y la relación de amor del Padre al Hijo y viceversa sería el Espíritu Santo, que es el Dios Amor (Agustín, De fide et símbolo, IX, 18-19; VI, 5-3; XV, 17,27; Carta 10, 7-8) . La espiritualidad de la JAX se enraíza en el Espíritu Santo, Dios Amor. Espiritualidad viene para nosotros de espíritu, pero de Espíritu Santo. Será más espiritual cuanto más Espíritu tiene uno. Pero no cualquier espíritu sino Espíritu Santo. Si el Espíritu Santo es el Dios Amor que ha demostrado su amor en todas las dimensiones a los hombres, seré más espiritual cuando más amor de Dios tenga y por eso decimos que la espiritualidad de la JAX consiste en llenarme del amor de Dios para dar amor a los demás en todas las dimensiones, no solo en las socioeconómicas contra la pobreza y el hambre sino en las simbólicas como las afectivas singulares para latinoamérica, de la vida, de la mujer, del género, de las culturas, de la tradición histórica y ecológica, lo carismático en las Iglesias que invitan a abrirse a lo que el Espíritu dice a través de los nuevos signos de los tiempos. Esto supone un avance neumatológico en la línea dinámica de la teología que subyace en la JAX: “La cristología latinoamericana, centrada en el reino y los pobres, ahora se retoma desde la clave del Espíritu, un Espíritu y un reino cuyo poder reside en lo frágil (1Cor 1,26-2,16). Aparecida invita a superar las estructuras caducas y abrirse a lo que el Espíritu nos dice a través de los nuevos signos de los tiempos (Doc. De Aparecida 366)” (6). De la Trinidad, a través del Espíritu Santo como Dios amor, viene la caridad inclusiva, abierta para hoy, como espiritualidad agustiniana de la JAX.

SINTESIS:

Con la teología y el pensamiento dinámico subyacente, llegamos a la espiritualidad de la JAX. A través del método inductivo, con la dialéctica del amor y con la inquietud agustiniana, partiendo de la realidad en contraste con la trascendencia, llegamos al Dios Amor, al Espíritu de Dios, al Espíritu Santo como iluminador, motivador y dador del amor de Dios para dinamizar y mover a la persona, a la comunidad, al mundo puesto que está en lo profundo de todo. Pero la clave está en que en la JAX se concretiza en llenarnos del amor de Dios, del Espíritu Santo, del Dios Amor, para llevarlo a los demás y hacerlo visible, palpable, real en todas las dimensiones sociales, afectivas, carismáticas, ecológicas, marginales, en nuestra realidad, en nuestra historia, en nuestro pueblo, en nuestro mundo y, en colaboración con Cristo, hacer el nuevo Reino, el proyecto de Cristo con amor. Los pilares de correspondencia eran: el mito, el ver, la interioridad, la fe, Dios Padre Amoroso, Dios de la vida, como memoria en contraste dialéctico amoroso con la utopía, el juzgar, la trascendencia, la esperanza, escatológica, el Dios Hijo como inteligencia que trasparenta a Dios Amoroso para llegar a trasformar la realidad, para actuar, para impregnarnos de la caridad y hacerla visible, real en el mundo, motivados por el amor de Dios, llenos de ese Dios Amor como Espíritu Santo, como voluntad para trasformar el mundo en la Ciudad de Dios, en el Reino de Dios y hacer un ambiente ecológico amoroso. La espiritualidad JAX, dado lo visto, es la caridad agustiniana abierta a los signos de Dios hoy y supone una respuesta amorosa de opción radical, total al Cristo poniendo los medios ascéticos orientados por lo agustiniano del “Ordo amoris”. Esta caridad sería la espiritualidad del jaxista, de la comunidad JAX, del movimiento de la JAX, con la ascética del “Ordo amoris”. Tendremos que imbuirnos de lo qué es la caridad y poner los medios ascéticos del “Ordo amoris” para vivirla y practicarla. Nos orientan esos valores clave agustinianos para nosotros de interioridad, trascendencia y caridad. Esos valores se trabajan a través de las actitudes positivas que en cristiano se denominan virtudes y que nosotros las hemos equiparado en correspondencia a ese trípode de valores con las virtudes cristianas teologales de fe, esperanza y caridad que orientadas por el trípode de la Trinidad, llegamos a fundamentar la caridad como espiritualidad que mueve al jaxista y se concretiza en palabras claves, en ideas madres que mueven en cada una de las etapas de la vida de la persona y del grupo como mística o carisma que da vida al grupo. La concretizamos en “Grupos de amigos que quieren vivir radicalmente el Evangelio, teniendo como modelo y líder a Cristo Amigo, para hacer real y eficaz el amor de Dios, en medio de los hombres, a través de su comunidad, en una forma amorosa pero real, visible y palpable, en la historia, en el aquí y ahora de nuestro pueblo”. Lo que interesaba y se hace, es desglosar lo que puede valer como mística, como idea madre, para cada joven y para cada una de las etapas según la edad y las circunstancias del grupo, de la comunidad JAX a la que pertenecen. Siempre, por tanto, a partir de la caridad como espiritualidad agustiniana de la JAX. Queda pendiente para otra ocasión en qué consiste la caridad y el “Ordo amoris” para los jaxistas y el desarrollo de esa espiritualidad de hacer el amor de Dios real a través de las etapas del proceso comunitario.

NOTAS:

(1) Un primer desarrollo se puede ver en Eugenio ALONSO ROMÁN, Experiencia cristiana con iluminación agustiniana en el movimiento juvenil JAX, en Joaquín GARCÍA (compilador), Práctica y contemplación en América Latina. II Segundo Simposio de la Organización de los Agustinos de Latinoamérica (O.A.L.A). Cochabamba, enero 1989, CETA, Iquitos, 1990,pp. 143-155.

(2) Bruno FORTE, Dios Padre. Nostalgia, revelación, búsqueda, Sal Terrae, Santander, pp. 41-111; Gerd THEISSEN, La fe cristiana. Una sabiduría abierta al mundo de hoy, CPL editorial, Barcelona 2015, pp. 182-183.

(3) L. CENCILLO, Mito. Semántica y realidad, BAC, Madrid 1970, pp. 3-60; José Miguel MUÑOZ, A vueltas con Dios en tiempos complejos. Conversaciones con G.Vattimo, KHAF, Madrid 2013, p. 50; Jean-Michel MALDAMÉ, El pecado original. Fe cristiana, mito y metafísica, San Esteban, Salamanca 2014, pp.320-321.

(4) Lope CILLERUELO, Teología espiritual. I. Ordo Amoris, en Estudio Agustiniano, Vol. X, Fasc. 2(1975)224; Esteban RAMÍREZ RUIZ, El camino de la interioridad en la búsqueda de Dios, Edita la Comunidad Agustiniana de San Jospe de las Palmas, Mexico D.F; Eugenio ALONSO ROMÁN, Experiencia cristiana con iluminación agustiniana en el Movimiento Juvenil JAX, en Joaquín GARCÍA (Compilador), Práctica y contemplación en América Latina, OALA-CETA, Iquitos-Perú, pp. 150-151; (5) N. CIPRIANI, Muchos y uno solo en Cristo. La espiritualidad de San Agustín, Editorial Agustiniana, Guadarrama, Madrid 2013, p. 320; Carmen JALÓN OLIVERAS, Crear cultura de interioridad. En el aula, en la pastoral y en la vida diaria, KAHF, Madrid 2014, p.9.

(5) N. CIPRIANI, Muchos y uno solo en Cristo. La espiritualidad de San Agustín, Editorial Agustiniana, Guadarrama, Madrid 2013, pp. 231-312.

(6) Víctor CODINA, SJ., El Espíritu del Señor actúa desde abajo, Sal Terrae, Santander 2015, p. 178; J. MOLTMANN – L. BOFF, ¿Hay esperanza para la creación amenazada?, Sal Terrae, Santander 2015, pp. 54-55 .

comunidad de comunidades

Motivados por el amor, nos propusimos un buen día seguir a Cristo, a ser y luchar por ser consecuentes. Aquí algunos de nosotros.

chetty

Eugenio

La espiritualidad JAX es la caridad agustiniana abierta a los signos de Dios hoy y supone una respuesta amorosa de opción radical, total al Cristo poniendo los medios ascéticos orientados por lo agustiniano del “Ordo amoris”. Esta caridad sería la espiritualidad del jaxista, de la comunidad JAX, del movimiento de la JAX, con la ascética del “Ordo amoris”.

Antonio

Para mí la comunidad entendida desde la espiritualidad agustiniana en la que todos se encuentran para ser "Un alma sola y un sólo corazón" se convierte en la idea motor para trabajar y evangelizar teniendo en cuenta que cada uno debe aportar lo que mejor puede dar para "Hacer real y eficaz el amor de Dios en medio de los hombres...".

Carol

Ser de la Jax significó tomar una decisión en mi vida acerca de lo que quería ser en adelante. Ya me habían enseñado a ser católica, porque nací y crecí en un entorno que así lo facilitó, pero a partir de cierta edad, tenía que empezar a preguntarme si mi relación con Dios era algo que me podían explicar, o algo que yo tenía que vivir.
La Jax me presentó a Cristo Amigo y todo lo que vivir en su amor significaba. La comunidad ha sido un recordatorio constante de caridad y un medio real y accesible que me dirige al compromiso que hice de permanecer cerca del amor de Dios. Me ayudó a descubrir que el mejor amigo de todos jamás me dejará, imperfecta como soy, y por ese amor, quiero ser una mejor persona. .

Priscilia

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Chetty

Un lugar dentro de mi donde se puede descubrir a un Xto que me impulsa a salir de mi a encontrar a otros como yo y formar una familia que me cuida y me hace crecer en ser mas cercano a Dios. Encontrar en mi comunidad MT, la fuerza en el tiempo para perseverar y descubrir en nuestras familias que se vuelve iniciar ese amor a Xto Amigo entre nuestros hijos.

Hector

Mi comunidad son mis hermanos de otros papas, es saber que aunque pensemos diferente, siempre logramos entendernos, aunque discutamos siempre terminamos hablando y compartiendo momentos de verdadera hermandad.

Cesar

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Karen

El movimiento JAX es un grupo de amigos que se podría llamar familia. Con quienes podemos contar siempre. Para reír, llorar, divertirnos, interiorizar, orar, reflexionar y amar a Dios y nuestro prójimo (más próximo y lejanos); es un lugar donde aprendemos a amar a otros diferentes a nosotros mismos y donde podemos entre todos encontrar la verdad y a Jesucristo. Es donde juntos crecemos como personas y como hijos de Dios.