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Supone pedagogía y supone metodología.


La pedagogía no es directiva, es decir que no se trata de imponer cosas sino de dialogar para buscar juntos la verdad y movernos entre todos a practicar el bien. Nadie le increpa a otro diciéndole "eres un sinvergüenza porque hiciste aquello o dejaste de hacer lo otro", sino que es al revés, pues se trata de crear un clima de confianza en el que cada uno pueda decir lo que piensa, lo que siente, lo que padece, para pedir ayuda a los demás o pedir perdón cuando haya ofendido sin necesidad de que nadie se lo exija.



Entonces conseguimos que la persona de aquel que comunica algo a los demás indirectamente está provocando, o sea, cada uno en su conciencia está sintiendo que si mi amigo es capaz de comunicar lo que siente, lo que vive, lo que padece y quiere luchar, ¿Cómo es posible que yo me quede tranquilo cuando tengo por aquí dentro tantos problemas serios que resolver?

 

 

La metodología supone cuestionamiento, es decir, plantearse los problemas de problemática, de mística o de compromiso que preocupan a las personas o al grupo, buscar las razones y las causas de esos problemas a la luz de la fe y encontrar las soluciones, para actuar correctamente, que se desprenden de las exigencias del Evangelio. 

Información


En resumen Dialéctica viene del diálogo provocador pero nosotros decimos Dialéctica del Amor, o sea, diálogo amoroso no odioso para buscar juntos la verdad y realizar el bien que es la mística agustiniana.

 

 

 

Historia

 

Nuestra experiencia comienza inmediatamente después de acontecimientos eclesiales y sociales extraordinarios. 

Hay una gran euforia de renovación en lo eclesial promovida por el Concilio Vaticano II. En Latinoamérica, se acaba de celebrar Medellín y, en el Perú, acaba de nacer la Teología de la Liberación. En lo social llega a los jóvenes los vientos innovadores del Mayo francés del 68 y, en el Perú se vive un ambiente de lenguaje revolucionario con la toma del poder de Velasco.

 


Este ambiente está alimentado por un sustrato de cambios, latente en Sudamérica, con la revolución cubana, con Camilo Torres y el Che Guevara como símbolos. Los jóvenes piensan que la transformación del hombre nuevo, y de las nuevas estructuras, está a la vuelta de la esquina y se lanza generosamente a conseguirla.

 

 

 

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